Muchas veces al tocar muchos temas, y al estar involucrados en excesivas cosas de creación, da una cierta idea de dispersión, en cambio vemos a LLuís Llongueras, que teniendo una personalidad tan compleja, es una persona rica de matizaciones y que todas las cosas que se propone, las hace con un grado de saber incitar el propio tema, que esto sí que no es nada frecuente, y es una de las riquezas de este personaje. 
Francesc Miralles Crítico de arte de “La Vanguardia
 

Dibujar, llenar a lápiz cualquier papel en blanco, fue al inicio un simple gesto constante de su mano. Una necesidad que siempre ha conservado y le ha servido por igual para mostrar las formas imaginadas de un peinado para divulgar su profesión como peluquero, como a la vez con pocos trazos crear la distribución de una de sus peluquerías, o para ilustrar libros técnicos como “El cabello”, o los 4 volúmenes de “El Método Llongueras” acompañando sus fotografías y textos técnicos, o hacer planos de una casa a construir.

La pintura y el óleo fueron en cambio un mimetismo, animado por la admiración de las obras de los mejores genios que desde pequeño admiraba, coleccionando las láminas más famosas en lugar de cromos de futbolistas.

La propia exigencia lo llevó a la firme decisión de no asistir a las clases de arte de la Academia de Bellas Artes de la Plaza Palau de la capital catalana, donde su padre se había gastado todo el dinero con que contaba la familia, para inscribirlo en el curso 1950-1951.
Dinero tirado que lamentó Ton Llongueras, no entendiendo la firme reacción de su hijo.

Esta actitud cambió la vida de Lluís y con los años el de toda la familia, ya que en 1959 Ton cerró su taller de costura en Barcelona, entusiasmado por el éxito de su hijo, decidiéndose para dedicarse también a la peluquería. Un paso valiente que con más de 50 años demostró también la polivalencia como algo propio de los genes de la familia.

El éxito profesional en la peluquería lo alejó del arte durante unos años, pero no olvidó nunca la disciplina artística de la pintura –esta vez acrílica- y añadiendo técnicas mixtas, creando collages con tendencias a dar ligeros relieves, hasta que a partir de 2002 trabaja con ilusión en un maridaje entre pintura y escultura como muestran sus últimas obras de relieves constructivistas montados mayoritariamente sobre tela, en busca de nuevas vías de expresión.

Como una de sus cualidades de autodidacta nunca ha dejado el dibujo, y de sus más expresivas modelos ha esbozado trazos de sus cuerpos a tamaño natural, exhibidas por primera vez en el Castell de Benedormiens de Castell d’Aro, en el 2004. Dibujos a lápiz que consiguen retratos reales del cuerpo femenino con suaves relieves y total naturalidad.
Entre decisión y decisión como empresario y de escultura en escultura, siempre hay la idea de un collage que da vueltas por su cabeza, como uno de los hobbys que más le ilusionan. Y tal y como es él, después de esbozarlo seguro que lo hace realidad.