En una visita al taller de esculturas de Lluís Llongueras se descubre a un artista compulsivo que trabaja sin tregua, entre piezas perfectamente acabadas que alterna con otras en proceso y con tentativos claramente experimentales, con el entusiasmo del escultor, extraordinario, capaz de vencer las dificultades mas grandes. María Lluisa Borrás. Comisaria y Crítica de Arte

Dedicarse a la escultura, ha sido un hecho natural. Durante un cuarto de siglo aprendió a comprender el relieve y a tener recursos suficientes para crear volúmenes. La profesión de peluquero le facilitó el trabajo para profundizar esta especialidad artística, y su sentido del tiempo le hizo sentir que con 45 años de edad tenía que recuperar los años perdidos y que necesitaba unas bases sólidas si quería hacerse un nombre también en esta materia. Por este motivo presentó sus diseños e ideas al profesorado y dirección de La Massana donde le admitieron en el curso 1981-82.

Desde los primeros trabajos plenamente figurativos, la pieza “Endormiscada” resultó una de las mas acertadas por su belleza y naturalidad, expuesta en lugares como la catalogada Casa de l’Atmella” del famoso arquitecto catalán Coderch de Sentmenat propiedad del mecenas Marcel Pascual; y también el recibidor particular de la multimillonaria Esther Koplowitz debajo de un óleo original de Hyeronimus Bosch.

Aparte de una treintena de exposiciones colectivas en las cuales ha participado, la primera individual se realizó en la sala de exposiciones de “La Caixa” de Esparraguera, que en 1986 se encontraba justo debajo del balcón donde nació Luis, casualidades que él siempre dijo que le traían suerte.

Después de probar diversas vías para actualizar el estilo de la figura humana, las abrió, las cableó o las partió en un intento cinético, buscando una originalidad estética, movido por su inquietud. Muy pronto su investigación pasó del aspecto innovador de estilo a la experimentación con materiales de nuevos componentes.
Así nació en el 1997 una autentica revolución técnica descubierta por Lluis Llongueras que abría una nueva vía para trabajar el bronce, sin utilizar la legendaria técnica de la “cera perdida”.
Con un hilo de “nicrocrom” calentado eléctricamente trabajó diversos materiales plásticos. Esto le permitió crear una serie de esculturas realizadas con simples impulsos gestuales de una originalidad única, imposible de conseguir con 
barro o yeso, ni con cera.

Con el cambio de siglo, en el 2000, Lluís encuentra inspiración para nuevos estilos de escultura en los trabajos de Luca Pacioli y sus estudios sobre las formas esféricas y presenta después de dos años de trabajo una exposición en la Sala Sant Pacià de la Pia Almoina en la Plaza de la Catedral de Barcelona el 9 de Abril de 2002.

Desde su primera exposición en 1984, a finales del curso de La Massana, en la Sala Busquets, cada año ha demostrado la rápida evolución de su obra.

Entusiasmado por la simbología ideó la famosa frase concepto:

ESCULTURA ES CULTURA

Varias grandes esculturas le han sido propuestas a lo largo de su carrera de escultor: un Arco en el Puerto de Formentera, el que conmemoró el Milenario de la ciudad de Esparreguera en los jardines de Can Comellas, la escultura integrada en el Edificio Geens-Honda de La Garriga, la más grande nunca hecha por Lluís, de casi 16 metros de ancho por 10 de alto y la escultura monumental “Al vent” instalada en la entrada del Parc de les Arts Contemporàneess de Cassà de la Selva (Girona).

Importantes personajes, mecenas y coleccionistas de arte nacionales e internacionales poseen obras de Lluís Llongueras.